lunes, 5 de julio de 2010

Tom Williams: Contratado por Apple a los 14 años. Su historia completa.


Tom Williams: Contratado por Apple a los 14 años. Su historia completa. © 2009 Derek Sivers

Recientemente pasé una semana en Vancouver, Canadá, considerando la posibilidad de mudarme allí, cuando mi amigo Ariel Hyatt me dijo, "Tienes que conocer a este tipo increíble llamado Tom Williams. Fue contratado por Apple cuando tenía solo 14 años. Creo que la empresa tuvo que adoptarlo legalmente, o algo parecido, para poder emplearlo. Es un buscavidas como tú. Además su esposa, Jessie es una artista country maravillosa".
Compartí una cena con Tom, me fascinó su historia y quise compartirla con todos.
Especialmente en el contexto actual del 10%-25% de desempleo, su historia y su filosofía contienen lecciones muy inspiradoras acerca de cómo obtener un empleo o hacer grandes negocios a pesar de la falta de experiencia.
Así que grabé una llamada telefónica y lo dejé contar su historia con sus propias palabras:

Tom Williams
Mi madre llama a esta historia "mi sofisticada manera de huir de casa", aunque no lo haya hecho con un saco con mis cosas sobre los hombros.
Crecí en una familia del todo normal, de clase media, en Victoria. Muy, muy feliz. Pero no era un muy buen alumno en la escuela. De hecho, era un rebelde. Ni siquiera llevaba papel y lápiz a clase. Interrumpía a mis maestros. Cuestionaba lo que nos enseñaban. El tema central de todas las reuniones entre mis padres y los maestros era cómo hacer para que Tom sea menos conflictivo, y un poco más conformista.
Y en el mismo momento, mis padres, durante las vacaciones de verano entre el 6to. y el 7mo. grado, me anunciaron su sepración. Eso me devastó por completo. Aunque mis padres estaban manejando su separación de manera bastante amigable, yo me sentía muy angustiado y muy enojado.
Entonces me di cuenta que me encontraba en una situación de absoluta impotencia y que la única solución era conseguir mis propios ingresos.
Comencé vendiendo barras de chocolate, hasta convertirme en el mayor vendedor de la escuela. Sin embargo, aunque había vendido alrededor de U$S2.000 en chocolates cubiertos con almendras, solo me alcanzó para comprar un Nintendo.
Me sentí un poco estafado, así que negocié para ser el distribuidor directo de toda esa operación de venta mayorista de barras de chocolate, básicamente usurpando a la escuela. Yo obtenía mi dólar y ellos el suyo. Mi papá tuvo que dar fe de que no me comería el inventario.
Ese verano vendí muchos miles de dólares en barras de chocolate. Pero no era un niño pasivo que se sentaba fuera de la tienda, con la cabeza baja, esperando que alguien se apiadara de él. Yo, literalmente, caminaba hacia atrás con una barra de chocolate en la mano. Si alguien venía caminando hacia mí, le lanzaba mi refinadísimo discurso de por qué esos chocolates eran los mejores del mundo. De hecho, se llamaban El Mejor Chocolate del Mundo, de donde saqué mi argumento de venta.
De niño era muy malo con las matemáticas, hasta con las más rudimentarias. Hasta tuve que ir a la escuela de verano una vez. Sin embargo, comprendía cuándo me estaban sacando ventaja y cuando tenía el control.
Con mi primer stand de limonada me di cuenta que estaba obligado a gastar dinero para comprar Kool-Aid. Esto significaba que o tenía que gastar la totalidad de las ventas del día de cinco o diez centavos cada una (que era el precio competitivo de entonces), o debía robar el Kool-Aid o tenía que encontrar una solución para poder afrontar estos enormes costos iniciales.
Me las ingenié para poner mi aviso en la tienda local, sin la ayuda de mis padres. Ellos eran académicos y burócratas, para nada emprendedores. Para mí era instintivo darme cuenta si un trato era malo o bueno. Era una cuestión innata y siempre estaba tratando de hacer buenos tratos.
Siempre confié en mis propios instintos. Sabía que si quería que algo se hiciera, tenía que hacerlo yo mismo. Nadie más lo haría por mi. Nadie más me apoyaría. No esperaba ser apoyado. Solo sabía que si quería hacer algo, tenía que hacerlo y punto. Así viví cada aspecto de mi vida.
Hasta cuando me empecé a interesar en el avistaje de pájaros, armé un newsletter y hacía pagar una suscripción a mi familia y amigos. Estaba constantemente pensando en cómo hacer dinero y generar ganancias.
Con las ganancias de la venta de barras de chocolate, alquilé una oficina en el mismo edificio donde se encontraba la oficina de ventas de Apple en Victoria. Iba a mi oficina después de la escuela, no tenía mucho que hacer pero trataba de crear juegos educativos en CD-ROM. Hasta tenía un servicio externo de recepcionista.
Este fue el puntapié inicial. Tenía muy en claro que quería encontrar un atajo en el camino de la vida. No quería estar en la escuela hasta el 12do. grado o en casa. Quería vivir por mi cuenta y ser libre.
Leí la biografía de John Sculley, que era el CEO de Apple en ese entonces, y mi héroe. Así como los héroes de otros niños son estrellas del deporte o actores, él era mi héroe. Quería ser “él” o como él.
Así que comencé a llamar a Apple en 7mo. grado. Cada mañana, alrededor de las 8 AM, antes de ir a la escuela, llamaba al número del conmutador general de Apple y pedía hablar con la oficina de John Sculley y me pasaban con su asistente.
Cada mañana hablaba con Jerry, su asistente y durante las primeras semanas, comencé con mi discurso habitual. Había encaminado mi charla por el lado del desarrollo comercial. Soy el CEO de mi propia compañía (que se llamaba Desert Island Software) y él es el CEO de su compañía. Tengamos una charla entre dos CEOs para ver cómo podemos trabajar juntos.
Durante las primeras semanas, estoy seguro que Jerry pensó que se trataba de una especie de broma o de un loco. Luego mi discurso comenzó a ser menos formal y decía, ¨Hola, Jerry, ¿cómo estás?¨ Él era el guardián de entrada de alguien que recibe muchas llamadas no deseadas. Pienso que me di cuenta instintivamente que creando una relación con Jerry, estaba creando una relación con el guardián de entrada. Si le agradas y te apoyan, es muy útil.
Y allí estaba, literalmente llamándolo cada mañana durante un año y medio. La relación obviamente evolucionó a ¨Hey Jerry, ¿cómo va?" y "Oh, sabes Tom, esta semana la escuela se está poniendo un poco complicada" y bla, bla, bla.
Paralelamente, ya que alquilaba esta oficina, estaba haciendo crecer una relación con los dos tipos de ventas locales que, a esta altura, se habían interesado en mí y a los que me los cruzaba cada mañana. Escribían emails, que de alguna manera llegaban a Cupertino. Creo que era simplemente un gesto de benevolencia. Allí estaba este muchacho joven, entusiasta, pero básicamente distinto a cualquier fanático de Mac, tratando de armar su propia compañía de software.
Fueron capaces de hacerme conocer en las altas esferas de la compañía, hasta la oficina de John, Jerry y otros miembros del staff. De repente había toda esta movida de personas interesadas en ayudarme y en ver mi sueño hecho realidad.
Y mi sueño era: encontrarme con John por cinco minutos y luego de haberlo conocido, lanzarle mi discurso en persona. Sabía que si me daban esos cinco minutos, sería capaz de convertirlos en media hora y esa media hora sería decisiva para lo que ocurriría después.
Gracias a la generosidad de mucha, mucha gente de Apple, acordaron darme un pase libre para la Conferencia de Desarrollo Mundial, que pienso que costaba alrededor de U$S1.500 para una semana entera.
Debido al divorcio, mi mamá y yo éramos bastante pobres. Hasta tuvimos que pedir dinero prestado a mi abuela (siempre me conmuevo al recordar su generosidad), para poder pagar el billete de avión para mi mamá y yo, en mayo de 1993.
De hecho la acreditación para la conferencia había comenzado el domingo, que era el 15 de Mayo. Recuerdo la fecha porque era el Día de la Madre y mi mamá había pensando que podríamos pasar un lindo día para celebrarlo. Nos hospedamos en un hotel cerca del Centro de Convenciones en San Jose y devoré mi desayuno porque quería tener mi acreditación en Apple lo antes posible.
Y allí estaba, acreditado y bienvenido. La gente decía, "Oh, bien, estamos esperando a un niño pequeño de Canadá para la conferencia." y ese niño era yo. El RR.PP. de John me dijo, "OK, como primera cosa mañana por la mañana, debes estar aquí a las 7:30, despierto y puntual, y antes de que John comience su presentación de apertura, tendrás tus cinco minutos."
Para mí, era como la noche anterior a pisar un estadio por primera vez y lanzar la primera bola. Era el clímax de mi sueño. No pude dormir, mi mente luchaba por decidir cómo emplearía esos cinco minutos para lograr causarle una fuerte impresión. A través de sus libros, sabía que era un hombre de conceptos y le encantaba proponer nuevas ideas en el mercado, nuevas formas de posicionar las cosas.
Conocía los rumores sobre qué tecnologías serían introducidas en la conferencia y de qué hablaría en su presentación de apertura. Yo estaba estudiando estas tecnologías para presentar mi propia versión.
En ese entonces, lo que iba a ser anunciado en la conferencia era el Newton. Posteriormente fracasó, pero fue exitoso desde el punto de vista de la innovación.
Tenía mis propias tarjetas comerciales que decían, Tom Williams, CEO, Desert Island Software. Lo encontré y comencé a hablar. Le dije, "Esto es lo que pienso del Newton...¨ Le hice un discurso de cinco minutos de algo que pensaba podría impresionarlo. Esos cinco minutos se convirtieron en media hora, hasta que lo obligaron a salir para dar la presentación de apertura.
Al final de la charla, intercambiamos nuestras tarjetas comerciales. Tenía dos tarjetas comerciales, una que decía "Chief Listener (Jefe de Escuchadores)" y otra que decía "CEO". Me dio su tarjeta de CEO porque no tenía más de las otras. Prometimos mantenernos en contacto.
Me habían dado un acceso VIP para la Conferencia. Me senté junto a todos los vicepresidentes. Fui uno de los pocos muchachos fuera de Apple que experimentó con el Newton. Fui catalogado como un muchacho interesante y conocí a cada vicepresidente de la compañía que estaba allí esa semana.
Tres meses después de la conferencia, John dejó Apple. Fue expulsado por un golpe en una sala de juntas y luego se pasó a una compañía llamada Spectrum. Estuvo allí muy poco tiempo. No le fue muy bien.
Como consecuencia de haber dejado Apple, John pudo tener algo de tiempo para llamarme. Recuerdo el primer llamado. Había dejado mi oficina, porque mi dinero de las ventas de barras de chocolate se estaba acabando. En ese tiempo, había instalado mi oficina en mi dormitorio en Victoria. El teléfono sonaba en el dormitorio de arriba. Yo estaba abajo y podía escucharlo sonar. Corrí a toda velocidad y John estaba al teléfono.
Debido a la cantidad de contactos personales que hice durante la Conferencia Mundial de Desarrollo de ese año, otros ejecutivos de Apple y el equipo de ingeniería del equipo de productos de QuickTime habían organizado todo para que vuelva a la conferencia, pero esta vez como orador.
Iba a demostrar el uso de un API de conferencias de QuickTime con el que un desarrollador amigo mío y yo habíamos trabajo en forma experimental. Con el API de conferencias de QuickTime podías construir cualquier interfaz sobre cualquier función básica de video conferencias. Habíamos creado esta interfaz de comunicación tipo Star Trek. Era visualmente atractiva, había coincidido con los técnicos y yo estaba allí para presentar una demo.
Gracias a esa demo, a mi cerebro y a la cultura corporativa de Apple (que en ese momento atravesaba su "era oscura"), me contrataron.
Estábamos justo en el final de la primera era del capital humano y la innovación, de manera que las personas más respetadas en el campus eran los ingenieros. A los ingenieros no les importaba ni tu aspecto ni tu formación académica. Demostrabas tu valor por la simple razón de poder interactuar con ellos, mostrando cómo funcionaba tu cerebro durante esas conversaciones.
Aunque me consideraba alguien del marketing, fue el equipo de ingeniería quien, ese miércoles de la Conferencia Mundial de Desarrollo de 1994, me había ofrecido el trabajo. Me dijeron, "¡Queremos que vengas a trabajar con nosotros!"
Al mismo tiempo estaba terminando mi año escolar y John y su esposa estaban desarrollando su propia compañía de CD-ROMs multimedia en San Francisco, donde vivía su hijo. A esta altura, John se había convertido en uno de mis mentores. Lo invité a formar parte de la junta de asesores de Desert Island Software, y aceptó. Hasta me envió una carta que he enmarcado, confirmando su aceptación en la junta de asesores. A mi mamá le parecía bien que fuera a vivir con su hijo y su nuera durante el verano para adquirir algo de experiencia laboral.
Mientras adquiría experiencia laboral, visitaba Cupertino de vez en cuando durante el verano para tratar de decidir cómo consideraría esta propuesta laboralque me estaban ofreciendo, ser contratado a pesar de que estaba contra las leyes laborales infantiles, las de inmigración y todo eso. Lo que hicieron fue argumentar que si yo era un consultor contratado por Apple a través de una compañía canadiense, la compañía canadiense sería responsable de esas cuestiones.
Fueron capaces de trasladar la culpa o la responsabilidad a otra parte. Pero ahora el problema era que ni siquiera podía ser el director de mi compañía, porque tenía menos de 18 años.
Mi mamá me apoyaba, muy a su pesar, pero siempre estaba preocupada por los inconvenientes que todo esto podría traer a mi estabilidad, a mi niñez y por todas las cosas por las que se preocupan las madres.
La convencí, al menos, de comenzar la compañía, eso fue en los tiempos de Desert Island Software. Pusimos en marcha la compañía y literalmente una semana antes de volver a casa para empezar el 9no grado, el equipo dijo, "Hey, lo hemos resuelto. ¿Quieres firmar el contrato?
Llamé a mi mamá un lunes y le dije, "Mami, voy a empezar a trabajar en Apple el martes y no voy a volver a casa." Fue muy duro para mi mamá, sabes: su bebé, California, etc. Mi mamá, sabiendo lo testarudo que era, y teniendo conciencia de todos estos factores que estaban en juego, aceptó. Me permitió hacerlo aunque estaba muy, pero muy preocupada que yo haya negociado mi propio contrato.
Más tarde supe que ella fue personalmente a Apple y negoció un tipo de contrato diferente, que era para decir, "Hey, saben muchachos, tendrán que hacerse responsables por mi hijo, no solo en términos de su bienestar físico, sino también de su bienestar espiritual y emocional."
En ese momento era un violonchelista y tenía un montón de otros intereses y ella sólo quería asegurarse de que tuviera una niñez y una vida relativamente equilibrada.
Apple tenía una cultura corporativa increíble. Había muchas personas que se ocupaban de mí, especialmente por lo que estaba haciendo allí. Tenía muchas oportunidades de comportarme como un jovencito rebelde, y algo de eso hice, pero generalmente tenía un enorme grupo de personas dando vueltas alrededor mío.
Recuerdo que una vez hicieron una Fiesta de la Cerveza en el campus, en ocasión del lanzamiento alpha o beta de un producto de software. Yo estaba tomando una cerveza y una persona de Recursos Humanos se enloqueció por ello. Pasaban muchas cosas por estilo.
Sin embargo, no era el más joven. Estaba Chris Espinosa, que de hecho fue el empleado número ocho de Apple. Ya que yo nunca había sido un empleado, sino un contratista, soy el contratista más joven que ha tenido Apple. Chris fue el empleado más joven de la historia de Apple y creo que me ganó por un año o algo así. Chris, de hecho, se había llevado el título y siempre lo tendrá.
Fui contratado en el grupo de productos de QuickTime y tenía muchos conocimientos técnicos. Podía comprender los conceptos técnicos a niveles bajos, pero siempre era malo, casi completamente inútil, en programación.
El equipo pensó, "¿Qué hacemos de este muchacho? ¿Qué vamos a hacer con él?¨ Me pusieron en un rol de evangelista. No fue planeado. No dijeron, "Oh, Tom sería maravilloso para eso." Solo pensaron que sería un tipo maravilloso para tener cerca. Tuvimos que tratar de buscar cuál era mi rol.
Con QuickTime, estábamos tratando de construir una plataforma, una plataforma multimedia, como corolario de algunas partes técnicas de viejas versiones de QuickTime. En ese entonces, en la industria de la música había un nuevo standard llamado CD-plus y el CD-ROM. CD-plus era una forma totalmente diferente de hacer un CD. Tenías una pista de datos y una pista de audio en un CD. La idea era usar QuickTime para demostrar como podíamos crear contenidos interactivos para artista que incrementarían el rendimiento musical en un CD-ROM.
Estábamos en 1995 e Internet era cada vez más popular. Era salir del mundo académico para entrar en el mundo de la tecnología marginal. No siguiendo a la corriente, pero más tendientes a pensar, "¿Qué podemos hacer con esto? ¿Cómo podemos usarlo?", etc.
En realidad, nuestra visión de cómo QuickTime y la movida de la música online podía interactuar entre sí era que podíamos tener archivos individuales que contuvieran la música, pero también una estructura de datos muy pero muy simple que describiera la canción. Ser capaces de usar una aplicación que sea capaz de leer los datos y traer otros contenidos interesantes en forma de links comerciales. Links de la web, que permitirían un mayor descubrimiento de la música, pero también permitirían hacer un seguimiento de cómo era explorada esa música y la manera en que los fans se relacionaban con un track en particular.
Se nos había encargado no solo hacer algunos prototipos para concretar esto y lanzarlo de manera diferente para los artistas y los sellos, sino también, en última instancia, mi misión era la de evangelizar a la comunidad musical.
Recuerdo haber estado con Radiohead en el backstage de un show que hicieron en San Franciso en 1995. Tom ya diseñaba la tapa de su álbum usando el Photoshop en una Mac. Teníamos un tremendo número de artistas que ya eran usuarios de Mac. Tratábamos de explicarles, "Hey, ¡hay muchas cosas nuevas que están por venir!
En Nueva York, éramos parte del New York Music Festival, transmitiendo en 13 clubs. Tocaban 270 bandas en siete días y nosotros transmitíamos las presentaciones en vivo por streaming a todas las personas de la web. Con la peor de las conexiones, probablemente a cuatro cuadros por minuto, con la peor calidad de sonido mono a 8 kHz.
El enfoque que le di a mi trabajo para llegar al negocio de la música fue el mismo que utilicé con Sculley. Todos somos personas, a pesar de los títulos, y todo eso . Todos estábamos en una relación de igualdad y solo se trataba de ser agradables y caerle bien a la gente.
Lo que pasó luego de unirme a Apple fue que hubo muchos intentos, a un alto nivel, de crear lo que la prensa llamó "Sili-wood", que era Hollywood y Sillicon Valley unidos para crear proyectos masivos de CD-ROM producidos en estudio.
Los observadores de la industria decían que las dos culturas se enfrentaban. Los tipos del Silicon Valley decían, "Bueno, esta la forma en que tratan de imponer sus metodologías y su enfoque comercial en Hollywood." y viceversa.
A pesar de todo, yo era un muchacho feliz que estaba muy entusiasmado con las tecnologías con las que trabajaba. Trabajar en Apple era el sueño de mi vida. Ese entusiasmo y esa pasión eran conmovedoras, y también el hecho de que era solo un niño.
Durante el primer año, literalmente en cada una de las nuevas reuniones, todos se ponían a buscar la cámara oculta. Mirándose unos a otros, preguntándose el hijo de quién era este niño, o quién había planeado esa broma. Luego comenzaba la reunión y las personas todavía estaban como riéndose. Después de cinco minutos, a causa de lo que estaba diciendo y de cómo lo estaba diciéndolo, se daban cuenta que a pesar de ser bastante raro, era verdad que ese niño trabajaba en Apple.
La industria de la música tenía la misma actitud con las personas. No les importaba ni tu apariencia, ni tu experiencia. Si podías hacer tu parte, era lo único necesario para que te acepten.
Era exactamente la misma cultura que me hizo entrar en Apple. Estaba viviendo en la convergencia de estas dos culturas y realmente funcionó para mí. Estaba haciendo cosas realmente importantes.
Me había acercado a Bill Bottrell, un ingeniero y técnico de estudio muy famoso, que también había sido bastante reconocido como productor. Había producido el primer álbum de Sherly Crow, "Tuesday Night Music Club", y el título de ese álbum no era una coincidencia. Organizaba una jam session todas las noches de los martes en su estudio de Pasadena, con amigos y músicos que Bill conocía.
Nuestra idea era transmitir desde el estudio para que el mundo exterior pudiera ver lo que pasaba dentro y permitir a los que estaban afuera contribuir con ideas de canciones y letras. Entonces si esas canciones se grababan, básicamente te convertías, en virtud de una membrecía, en un colaborador. Te inscribías para tener una compilación en CD del audio de todas las canciones que se habían preseleccionado y también podías obtener una especie de pequeña toma pre-negociada de la canción con la que habías contribuido.
Si nos adelantamos a 2009 y a los contenidos generados por los usuarios, la colaboración online, quiero decir, esto era en 1995, simplemente no teníamos el ancho de banda necesario para hacerlo. Tampoco teníamos una base de usuarios. Aunque Bill estaba tremendamente contento con esto, y estaba en un nivel ejecutivo de Apple bastante alto, el concepto escaló varios pisos sobre mí hasta el nivel de la vicepresidencia, pero ellos estaban buscando algo más.
Concebían a nuestro material musical como un material corporativo más tradicional. Así que el objetivo era la exposición en la industria de la música, exposición a los consumidores, sin entrar demasiado en la historia de Apple, se podía argumentar que la música era parte del ADN de Apple desde el principio.
Aunque John se había ido, la visión era más, "Hey, si pudiéramos hacer un material altamente visible y recibir el apoyo de los músicos por lo que estamos haciendo." Recuerda la campaña "Piensa Diferente".
El verdadero objetivo de negocios técnico de nuestra unidad era ese 90% de la industria de la música, teníamos una franja del 90% de computadoras en estudios y músicos desde una pura perspectiva del análisis del mercado, el otro diez por ciento era analógico, y aquellos muchachos no cambiarían. Si podíamos crear material de alto concepto, ser vistos como verdaderos partidarios de la industria, quizás podíamos mover el cuadrante, uno, dos porciento, dentro de ese 10%.
Recuerda que solamente la plataforma Mac trabajaba con Pro Tools, Digidesign y todo eso. Estábamos en una especie de cultura corporativa. Esto era ilustrativo de la desconexión que existía en los tiempos cuando estaba en Apple y el CEO era Michael Spindler.
Me fui antes de que llegara Gil Amelio. Spindler y Amelio fueron posiblemente dos de los peores CEOs que Apple haya tenido. Bueno, solo han habido cuatro. Esto era un indicador de su mentalidad de "vendamos más cajas", entonces nuestro material musical caía bajo el razonamiento de, "vendamos, movamos el cuadrante hacia esos muchachos analógicos."
La realidad era que si esos muchachos eran analógicos por alguna razón, no era probable que cambiaran de software porque nosotros éramos los sponsors de Woodstock 2.
Sin embargo, ésa era mi mentalidad. Mientras que internamente, bajando de la vicepresidencia hasta la dinámica operativa de la unidad, se trataba de mantener esa cultura por la cual Apple era famosa. La cultura de la inovación temprana, el concepto, llegar a los innovadores y potenciarlos con nuestras ideas.
Había esa desconexión con la cultura corporativa que se reflejaba en toda la compañía.
Con el negocio del estudio, si bien existía bastante apoyo, se redujo a la negociación de un contrato legal. Los asuntos legales que un abogado especializado en entretenimiento trajo al contrato y los que trajeron nuestros abogados del Fortune 500 Silicon Valley, eran disposiciones contractuales muy pero muy diferentes.
En mi tarjeta comercial y en el título de mi oficina se leía, ¨Tom Williams, The Kid (El Niño)". Ésa fue la marca que me crearon, que rápidamente adopté y la adopté como propia.
Dejé Apple ya que mis padres habían comenzado con los procedimientos de divorcio. Mi padre no quiso pagar la cuota de alimentos porque en los papeles estaba ganando más dinero que él. No sabía manejar el dinero, y estaba gastando más de lo que ganaba.
Dada la particularidad de nuestra historia, salió en los periódicos locales y fue divulgada en las agencias de noticias de todo el país muy a toda velocidad. La televisión canadiense tuvo interés en hacer una historia sobre mí. CBC National, que era el noticiero nacional que se transmitía durante las horas de mayor audiencia en Canadá, me llamó a California para hacerme una entrevista para un documental.
Negocié, y para entonces había varias cosas escritas sobre mí en The Christian Science Monitor, the New York Post, A Current Affair. Tenía mucha difusión y salía con los músicos. Muy pronto comprendí la importancia de tener control sobre tu propia marca. Esto no lo hice con la gente de RR.PP. de Apple, sino directamente entre la gente de CBC y yo.
Ese documental dio a conocer al público la marca "The Kid" en Canadá y, en consecuencia, tuve muchas propuestas de trabajo.
Antes de que comenzara el documental, muchos de nuestros nuevos muchachos de los medios fueron contratados por Microsoft. Microsoft se había dedicado a promocionar su propio material musical muy agresivamente, pero Apple era mejor a la hora de lograr triunfos en el marketing de alto perfil.
La cultura corporativa de Microsoft era muy diferente de la de Apple. A pesar de que tenían muchísimo más dinero para gastar, y tuvieron la canción "Start Me Up" de los Rolling Stones para Microsoft, podían comprar su camino hasta cierto punto. Tuve una entrevista con Microsoft, ya que muchos de los muchachos que conocía de Apple estaban allí.
Para entonces, el documental había salido y tenía un montón de ofertas de trabajo, una de las cuales me hizo volver a Vancouver.
Era el lanzamiento de la marca "The Kid", que se convirtió, para bien o para mal, en parte de mi personalidad pública, con mucho éxito durante los siguientes diez años de mi vida.
Durante diez años, utilicé la misma estrategia: crea relaciones, el éxito requiere una constante interpretación errónea de las probabilidades, tener acceso a alguien que fue famoso o que está en cierto nivel. La idea de que no podía tener acceso a eso no existía.
No existía ningún tipo de intimidiación psicológica porque siempre he tenido ese extremo nivel de confianza, o tal vez era pura arrogancia. O es una extrema confianza o se trata de ver a todos, incluyéndome a mi, como pares.
Todo esto lo considero una mera cuestión de suerte, en realidad no implicaba ningún tipo de cosa especial que yo u otra persona poseyera. Mantiene la relación, sé amable, sé agradable y así obtendrán buenas cosas.
Recuerdo haber trabajado como analista en tecnología para pésima casa de corretaje de inversiones al pormenor de Canadá. No es que quiero insultar a la comunidad tecnológica de Canadá de mitad de los años '90, pero yo quería lograr los mismos tratos que conseguían los bancos de inversiones en blanco.
En Boston había una compañía llamada Invention Machine que tenía una gran cantidad de capital de riesgo puesto en él, y estaban contemplando un IPO (puesta de venta inicial pública de los valores). Necesitaban algunos millones de dólares cosechados en privado antes de vender los valores públicamente, y éste era el tipo de cosas a las que me dedicaba.
Sabía que el CEO era un fumador, ya que nos habíamos conocido en el pasado en una conferencia donde hablamos sobre cigarros. Hay algo muy gracioso en esto. Un muchacho de 18 años hablando de su amor por los cigarros a un hombre de 50. Ahora que lo recuerdo parece tan tonto y lúdico.
Sea como sea, compré una caja de cigarros y se la envié una semana después de nuestro encuentro. Comí y bebí con él. La noche anterior a cuando estaba por encontrarme con su junta, donde había muchachos de estos bancos de inversión de Nueva York y fondos de capitales de riesgo, lo convencí de darme la oportunidad de hacer una ronda de capital privado para su compañía. Nos dimos un apretón de manos, pero dijo que la última decisión la tenía su junta.
Esta junta muy, pero muy poderosa estaba como diciendo, "¡Esto es una broma! ¿Por qué tendríamos que hacerlo contigo?" Yo dije "Bueno, lo tendremos listo en una semana." Ellos dijeron, "Todos dicen eso y nadie lo hace." Yo dije, "Entonces no tienen ninguna responsabilidad si no lo puedo hacer." Él dijo, "Bueno, creo que has ganado."
Esto fue un martes. El miércoles volé a Toronto, me reuní con un fondo común de inversión. Para el jueves ya teníamos una hoja de acuerdo. Para el viernes volaron para allí y el trato se cerró el miércoles siguiente. El compromiso estaba listo, casi de inmediato. Me gané el respeto de ese equipo y esa junta.
Mi cita favorita es del autor y consultor de marketing Tom Peters, "El éxito requiere una persistente interpretación errónea de las probabilidades." Y así fue exactamente. No conocía esa cita cuando lo hice, pero se adapta muy bien para describir parte de mi actitud y mi enfoque sobre estas cosas.
Sobre todo, se trató de una cuestión de relaciones. Si le caes bien a la gente, quieren verte triunfar. Si quieren verte triunfar, te ayudarán a hacerlo. Tiene que ser genuino.
Muchas personas encaran el construir relaciones como una transacción de mercaderías. Por más genuino que intentes mostrarte, ellos podrán develar tu juego. Tómate tu tiempo.
Al principio de esta semana, volví para casa con mi mamá y nos pusimos de acuerdo en tomar un ferry especial, que me permitiría tener quince minutos cara a cara con uno de mis amigos y mentores.
Ella me dijo: "¿Para qué molestarse si son solo quince minutos?" Y yo respondí: "Bueno, porque es tiempo cara a cara y esos quince minutos deberían ser usados para construir y fortalecer nuestra relación."
¿Qué puedes lograr en quince minutos? Nada más y nada menos que fortalecer una relación.
Reconoce que al ser útil y bueno con los demás, tendrás la oportunidad de construir un fuerte grupo de partidarios. Te elevarán a nuevas alturas y te protegerán. Si decaes, estarán allí para levantarte y apoyarte.
Creo que éste es uno de los componentes de los negocios que más se pasa por alto. Siempre podemos decir que al final del día, lo único que te queda son tus amigos.
Pero, si tus amigos son tus amigos, y sucede que están en el negocio, y son útiles para tu negocio, entonces mucho mejor, porque ellos siempre estarán allí para ayudarte.
¿Un aforismo profundo? Probablemente. ¿Completamente cierto? 100%.

viernes, 30 de abril de 2010

Los tres superhéroes de Chernóbyl.


http://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/04/los-tres-superheroes-de-chernobyl.html


Puede que salvaran a millones de personas sacrificando sus vidas, y ya nadie se acuerda.

Es una de las historias más conocidas de nuestro tiempo: el día 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbyl estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada, a consecuencia de 24 horas de manipulaciones insensatas y más de doscientas violaciones del Reglamento de Seguridad Nuclear de la Unión Soviética. Estas acciones condujeron al envenenamiento por xenón del núcleo, llevándolo a un embalamiento neutrónico seguido por una excursión de energía que culminó en una gran explosión a las 01:24 de la madrugada.

Sobre Chernóbyl se han contado muchas mentiras. Y las han contado todos, desde las autoridades soviéticas de su tiempo hasta la industria nuclear occidental, pasando por los propagandistas de todos los signos y la colección de conspiranoicos habituales. Hay una de ellas que me molesta de modo particular, y es esa de que los liquidadores –el casi millón de personas que acudieron a encargarse del problema– eran una horda de pobres ignorantes llevados allí sin saber la clase de monstruo que tenían delante. Y me molesta porque constituye un desprecio a su heroísmo.

Y porque es radicalmente falso. Una turba ignorante no sirve para nada en un accidente tecnológico tan complejo. Los equipos de liquidadores estaban compuestos, sobre todo, por bomberos, científicos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su amplia experiencia en  la manipulación de estas sustancias. Es necio suponer que esta clase de personas ignoraban los peligros de un reactor nuclear destripado cuyos contenidos ves brillar ante tus ojos en un enorme agujero.

Los liquidadores acudieron, sabían lo que tenían ante sí, y a pesar de ello realizaron su trabajo con enorme valor y responsabilidad. Cientos, miles de ellos, de manera heroica hasta el escalofrío. Los bomberos que se turnaban entre vómitos y diarreas radiológicas para subir al mítico tejado de Chernóbyl, donde había más de 40.000 roentgens/hora, para apagar desde allí los incendios (la radiación ambiental normal son unos 20 microrroentgens/hora). Los pilotos que detenían sus helicópteros justo encima del reactor abierto y refulgente para vaciar sobre él los buckets de arena y arcilla con plomo y boro. Los técnicos y soldados que corrían a toda velocidad por las galerías devastadas cantándose a gritos las lecturas de los contadores Geiger y los cronómetros para romper paredes, restablecer conexiones y bloquear canalizaciones en turnos de cuarenta o sesenta segundos alrededor de la sala de turbinas (20.000 roentgens/hora). Los mineros e ingenieros que trabajaban en túneles subterráneos, inundándose constantemente con agua de siniestro brillo azul, para instalar las tuberías de un cambiador de calor que le robase algo de temperatura al núcleo fundido y radiante a escasos metros de distancia. Los miles de trabajadores y arquitectos que levantaban el sarcófago a su alrededor, retiraban del entorno los escombros furiosamente radioactivos y evacuaban a la población. Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibía coger el petate e irse si no quería seguir allí; casi nadie lo hizo. Es más: muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda la URSS, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de física e ingeniería nuclear. Esta fue la clase de hombres y no pocas mujeres que algunos creen o quieren creer una turba ignorante y patética. Esto fueron los liquidadores.




Les llamaban, y se llamaban a sí mismos, los bio-robots, que seguían funcionando cuando el acero cedía y las máquinas fallaban. No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de lo que tuvieron bien poco. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer el maldito trabajo. Hoy quiero hablar de tres de ellos, que hicieron algo aún más extraordinario en un lugar donde el heroísmo era cosa corriente. Por eso, sólo se me ocurre denominarlos los tres superhéroes de Chernóbyl.

El monstruo del agua que brilla en azul.

Lo único que hay de cierto en estas suposiciones sobre la ignorancia de los liquidadores es que, en las primeras horas, no sabían que había estallado el reactor. Pero no lo sabían porque nadie lo sabía. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que había estallado el intercambiador de calor, no el reactor; y así lo informaron tanto al personal que acudía como a sus superiores. Hay una historia un tanto chusca sobre cómo los aviones que llevaban al lugar a destacados miembros de la Academia de Ciencias de la URSS se dieron la vuelta en el aire por órdenes del KGB cuando éste descubrió, a través de su equipo de protección de la central, que había explotado el reactor (además de sus atribuciones de espionaje por el que es tan conocido, el KGB "uniformado" desempeñaba en la Unión Soviética un papel muy parecido al de nuestra Guardia Civil, exceptuando tráfico pero incluyendo la seguridad de las instalaciones radiológicas).






Debido a este motivo, en un primer momento se echaron sobre el agujero millones de litros de agua y nitrógeno líquido, con el propósito de mantener frío y proteger así el reactor que creían a salvo y sellado más allá de las llamas y el denso humo negro. Esto contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido a más de 2.000 ºC; y salía disparada hacia la estratosfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastraría en todas direcciones.

De todos modos, tenía poco arreglo: era preciso apagar los enormes incendios. Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo había pasado la contaminación al aire, sino que ahora tenían una gran cantidad de agua acumulada en las piscinas de seguridad bajo el reactor. Estas piscinas de seguridad, conocidas como piscinas de burbujas, se hallaban en dos niveles inferiores y tenían por función contener agua por si fuese preciso enfriar de emergencia el reactor. También servían para condensar vapor y reducir la presión en caso de que se rompiera alguna tubería del circuito primario (de ahí su nombre), junto a un tercer nivel que actuaba de conducción, inmediatamente debajo del reactor. Así, en caso de ruptura de alguna canalización, el vapor se vería obligado a circular por este nivel de conducción y escapar a través de una capa de agua, lo que reduciría su peligrosidad.

Ahora, después de la aniquilación, estas piscinas inferiores estaban llenas a rebosar con agua procedente de las tuberías reventadas del circuito primario y de la utilizada por los bomberos para apagar el incendio y en el vano intento de mantener frío el reactor. Y sobre ellas se encontraba el reactor abierto, fundiéndose lentamente en forma de lava de corio a 1.660 ºC. En cualquier momento podían empezar a caer grandes goterones de esta lava poderosamente radioactiva, o incluso el conjunto completo, provocando así una o varias explosiones de vapor que proyectasen a la atmósfera cientos de toneladas de este corio. Eso habría multiplicado a gran escala la contaminación provocada por el accidente, destruyendo el lugar y afectando gravemente a toda Europa. Además, la mezcla de agua y corio radioactivos escaparían y se infiltrarían al subsuelo, contaminando las aguas subterráneas y poniendo en grave peligro el suministro a la cercana ciudad de Kiev, con dos millones y medio de habitantes, en una especie de síndrome de China.

Se tomó, pues, la decisión de vaciar estas piscinas de manera controlada. En condiciones normales, esto habría sido una tarea fácil: bastaba con abrir sus esclusas mediante una sencilla orden al ordenador SKALA que gestionaba la central, y el agua fluiría con seguridad a un reservorio exterior. Pero con los sistemas de control electrónico destruidos, esto no resultaba posible. De hecho, la única manera de hacerlo ahora era actuando manualmente las válvulas. El problema es que las válvulas estaban bajo el agua, dentro de la piscina, cerca del fondo lleno de escombros altamente radioactivos que la hacían brillar tenuemente en color azul por radiación de Cherenkov. Justo debajo del reactor que se fundía, emitiendo un siniestro brillo rojizo.

Así pues, como las máquinas ya no podían, era trabajo para los bio-robots.Alguien tendría que caminar, un paso detrás del otro, hacia el reactor reventado y ardiente a lo largo de un grisáceo campo de destrucción donde la radioactividad era tan intensa que provocaba un sabor metálico en la boca, confusión en la cabeza y como agujas en la piel. Viendo cómo tus manos se broncean por segundos, como después de semanas bajo el sol. Y luego sumergirse en el agua oleaginosa y de brillo tenuemente azul, con el inestable monstruo radioactivo encima de las cabezas, para abrir las válvulas a mano: una operación difícil y peligrosa incluso en circunstancias normales.

Ese era un viaje sólo de ida.

Al parecer, la decisión sobre quién lo haría se tomó de manera muy simple; con aquella vieja frase que, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre bastó a los héroes:

–Yo iré.

Los tres hombres que fueron.

Los dos primeros en ofrecerse voluntarios fueron Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov. Alexei Ananenko era un prestigioso tecnólogo de la industria nuclear soviética, que había participado extensivamente en el desarrollo y construcción del complejo electronuclear de Chernóbyl: cooperó en el diseño de las esclusas y sabía dónde estaban ubicadas exactamente las válvulas. Casado, tenía un hijo. Valeriy Bezpalov era uno de los ingenieros que trabajaban en la central, ocupando un puesto de responsabilidad en el departamento de explotación. Estaba también casado, con una niña y dos niños de corta edad.

Los dos eran ingenieros nucleares. Los dos comprendían más allá de toda duda que se disponían a caminar de cara hacia la muerte.

Mientras se ponían sus trajes de submarinismo sentados en un banco, observaron que necesitarían un ayudante para sujetarles la lámpara subacuática desde el borde de la piscina mientras ellos trabajaban en las profundidades. Y miraron a los ojos a los hombres que tenían alrededor. Entonces uno de ellos, un joven trabajador de la central sin familia llamado Boris Baranov, se alzó de hombros y dijo aquella otra frase que casi siempre ha seguido a la anterior:

–Yo iré con vosotros.

Era media mañana cuando los héroes Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se tomaron un chupito de vodka para darse valor, agarraron las cajas de herramientas y echaron a andar hacia la lava radioactiva en que se había convertido el reactor número 4 del complejo electronuclear de Chernóbyl. Así, sin más.

Ante los ojos encogidos de quienes quedaron atrás, los tres camaradas caminaron los mil doscientos metros que había hasta el nivel –0,5, dicen que conversando apaciblemente entre sí. Qué tal, cuánto tiempo sin verte, qué tal tus hijos, a ti no te conocía, chaval, yo es que no soy de por aquí. O parece que hoy vamos a trabajar un poco juntos, igual podemos acceder mejor por ahí, yo voy a la válvula de la derecha y tú a la de la izquierda, tú ilumínanos desde alláparece que va a llover, ¿no?, E incluso está bien buena la secretaria del ingeniero Kornilov, ¿eh?ya lo creo, menudo meneo le arrearía, pues me parece que este año el Dinamo de Moscú no gana la liga. Esas cosas de las que hablan los bio-robots mientras ven cómo su piel se oscurece lentamente, se les va un poquito la cabeza debido a la ionización de las neuronas y la boca les sabe a uranio cada vez más, conteniendo la náusea, sacudiéndose incómodamente porque es como si un millón de duendes maléficos te estuvieran clavando agujas en la piel. Cinco mil roentgens/hora, llaman a eso.

Y bajo aquel cielo gris y los restos fulgurantes de un reactor nuclear, los héroes Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov se sumergieron en la piscina de burbujas del nivel –0,5, con una radioactividad tan sólida que se podía sentir, mientras su camarada Boris Baranov les sujetaba la lámpara subacuática. Ésta estaba dañada y falló poco después. Desde el exterior, ya nadie les oía ni les veía.

Pero, de pronto, las esclusas comenzaron a abrirse, y un millón de metros cúbicos de agua radioactiva escaparon en dirección al reservorio seguro preparado a tal efecto. Lo habían logrado. Alguien murmuró que los héroes Ananenko, Bezpalov y Baranov acababan de salvar a Europa. Resulta difícil determinar hasta qué punto tenía razón.

Hay versiones contradictorias sobre lo que sucedió después. La más tradicional dice que jamás regresaron, y siguen sepultados allí. La más probable asegura que llegaron a salir de la piscina y celebrar su victoria riendo y abrazándose a los mismísimos pies del monstruo, en el borde de la piscina; e incluso lograron regresar sus cuerpos, aunque no sus vidas. Murieron poco después, de síndrome radioactivo extremo, en hospitales de Kiev y Moscú. Aún otra más, que se me antoja casi imposible, sugiere que Ananenko y Bezpalov perecieron, pero el joven trabajador Baranov pudo sobrevivir y anda o anduvo un tiempo por ahí.

Esta es la historia de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, los tres superhéroes de Chernóbyl, de quienes se dice que salvaron a Europa o al menos a algún que otro millón de personas en miles de kilómetros a la redonda un frío día de abril. Fueron a la muerte conscientemente, deliberadamente, por responsabilidad y humanidad y sentido del honor, para que los demás pudiésemos vivir. Cuando alguien piense que este género humano nuestro no tiene salvación, siempre puede recordar a hombres como estos y otros cientos o miles por el estilo que también estuvieron por allí. No circulan fotos de ellos, ni han hecho superproducciones de Hollywood, y hasta sus nombres son difíciles de encontrar. Pero hoy, veinticuatro años después, yo brindo en su recuerdo, me cuadro ante su memoria y les doy mil veces las gracias. Por ir.






El Sacrificio, de Wladimir Tcherkoff.

Lectura recomendada:
  • La verdad sobre Chernóbyl, con prólogo del Premio Nobel Andrei Sakharov (1991), escrito por el ingeniero nuclear Grigory Medvédev, un profundo conocedor de este complejo electronuclear y de la política energética soviética. Incluye un relato exhaustivo del accidente y haciendo honor a su título, es el que menos mentiras cuenta según mi opinión. Seguramente por ese mismo motivo, es el más difícil de conseguir. En España lo editó Heptada con el ISBN 84-7892-049-8; está agotado, pero siempre se puede intentar una llamada. En inglés fue editado con el ISBN 1-85043-331-3 (Tauris & Co, Londres) y estádisponible aquí.
De visualización necesaria:
  • El corazón de Chernóbyl. Seguramente, el mejor documental que se ha filmado sobre las consecuencias humanas del desastre. Desde dentro; tan dentro que la directora de la ONG que lo presenta sufrió envenenamiento por cesio-137 durante la realización. Durísimo, pero absolutamente necesario. En inglés, disponible en YouTube: Parte 1Parte 2Parte 3Parte 4. Si te apetece colaborar con esta ONG, puedes hacerlo aquí.